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CAMINANDO POR LA HISTORIA DE CORONEL

 

El barrio de Maule.

 

El barrio de Maule, en las costas de Coronel, es un lugar históricamente hermoso, ya que con su estilo inglés, sus pórticos característicos y lucarnas al borde del mar dan al sector un toque muy especial y singular. Dan cuenta de tiempos mejores, de avenidas con jardines sin rejas que daban al entorno un concepto de parque inglés. Al frente la playa y el bello mar, deja un imborrable recuerdo en la memoria de todos quienes tenemos un afecto especial por la historia de nuestra tierra y de nuestro país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Casas anglófilas de barrio Maule - Coronel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Playa y costanera barrio Maule - Coronel

 

 

El origen del carbón.

 

Hace trescientos millones de años existían en estas tierras hoy llamada Coronel,  amplias zonas cubiertas por ciénagas. Se trataba de terrenos llanos y empapados de agua, y el clima era cálido y húmedo, abundaban los helechos ya que reunía condiciones casi perfectas para el crecimiento vegetal, que condujeron al desarrollo de grandes bosques pantanosos. Corpulentos pellines y altas araucarias, la madreselva y la quila silvestre se entrelazaban en los viejos troncos como serpientes gigantescas hasta llegar a las ramas superiores o bien se enroscaban caprichosamente a los viejos monarcas de los bosques caídos al fiero azote de tempestades, yacían medio carcomidos en estos parajes abruptos de la Nahuelbuta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Laguna Maule

 

        Las plantas crecían en gran número y, al morir, caían en la ciénaga. Posteriormente, eran sepultadas por tierra y lodo procedentes de inundaciones y de cambios en el nivel del mar. Finalmente, los depósitos llegaron a alcanzar una profundidad de varios cientos de metros, y la vegetación sepultada resultó aplastada y comprimida hasta convertirse en carbón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mirador Humedal y Estero Maule

 

        El paraje era sombrío; reinaba en él la más profunda paz. Transcurridos varios millones de años las plantas que dieron origen a la vida en esta zona, hoy se han constituido en el símbolo de las formas más primitivas de vida en el Butanmapu (Gran territorio).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primeros pobladores de Coronel y Lota.

 

Hace 10.000 años el hombre americano en su versión cazador recolector llegó a las playas de Maule. Eran los Changos, los primeros en aprovechar los recursos disponibles en las costas de Coronel, un grupo de recolectores mariscadores que no conocían la cerámica y fueron los responsables de dejar numerosos conchales repartidos por toda la costa de Coronel, Lota y de Chile. Pescaban, mariscaban las rocas sumergidas en el mar y hasta usaban pequeñas embarcaciones hechas de cuero inflado de lobos marinos.

      De pronto este pueblo desapareció, posiblemente asimilado a otra forma cultural, aquella vinculada a la tierra (mapu)  y a  la insipiente agricultura de este lado del planeta.

Vestigios de esos asentamientos humanos, los primeros de Coronel, se reparten hoy en las zonas altas de Playa Blanca, La Obra, Fundo Calabozo y Maule. Mastodontes, gonfoterios, caballo americano, guanacos gigantes, milodones y otros animales de ese periodo vivieron junto a los primeros pobladores de Coronel y Lota, en los márgenes costeros del Butanmapu.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Caleta Maule

 

 

 

La gallina mapuche de los huevos azules.

 

Para todo habitante al sur del Biobío, consumir un huevo de cáscara azul no es una novedad, pero para los que no saben son una verdadera rareza. Estos son producidos exclusivamente en la Araucanía, y puestos por las gallinas mapuches llamadas Kolloncas. Para los conquistadores fue motivo de profunda extrañeza encontrar a estas gallinas que ponían huevos azules ya que son originarias sólo de Persia o de Ceylán.

Además, antes de la llegada de Colón a América, no había forma de que las gallinas hubieran llegado desde Asia o Medio Oriente porque aún se creía que el mundo era plano y los océanos se precipitaban a los abismos al llegar a los confines de la tierra.
Pero las gallinas Kolloncas allí estaban, al sur del gran río. No sería extraño que los  Polinesios hubieran recalado en las costas de Chile, haciendo contacto cultural con los mapuches, aportando costumbres, ajuar cultural e idioma. La palabra “Toqui”  tiene idéntica connotación para los mapuches como para los polinesios. El “Curanto Chilote”, es propio de las culturas del pacífico. El “Camote” o batata dulce, es común tanto en América como en la Polinesia. Las afinidades saltan a la vista, así que la próxima vez que se coma un huevo de cáscara azul, recuerde su enorme valor cultural. Es un regalo de nuestros ancestros mapuches que con celo y cuidado nos legaron el resultado de un viaje increíble, cuando otros hombres, unos osados navegantes premunidos de remos y velas y que se guiaban por las estrellas, un día, miles de años atrás, atravesaron el pacífico y descendieron de sus barcas, bajaron sus ajuares y provisiones, entre ellas sus gallinas y las echaron a corretear por las tierras del Butanmapu.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La próxima vez que se coma un huevo de la cáscara azul, recuerde su enorme valor cultural. Es un regalo de nuestros ancestros mapuches que con celo y cuidado nos legaron el resultado de un viaje increíble, cuando otros hombres, unos osados navegantes premunidos de remos y velas y que se guiaban por las estrellas, un día, miles de años atrás, descendieron de sus barcas, bajaron sus ajuares y provisiones, entre ellas sus gallinas y las echaron a corretear por estas tierras, al Sur del Biobío.

 

 

 

El origen de nombre Coronel.

 

Sobre el apelativo del nombre de la ciudad de Coronel hay encontradas versiones. Una, habla de un misionero de apellido Coronel en los tiempos del Gobernador Oñez de Loyola en la Guerra de Arauco, pero no hay registro de ningún religioso con ese nombre. Otra, tiene relación con una propiedad ubicada entre Concepción y el Fuerte de Arauco de don Miguel Gómez de Silva, quien era Coronel General a cargo de la guarnición del Fuerte de Arauco y el Fuerte de Colcura. También pudo ocurrir que durante una de las tantas sublevaciones, un cacique del Andalicán se hizo cargo de los arreos de caballos de un coronel de ejército y en la condición de tierra de conflicto, fue premiado por los españoles como “mapuche amigo” y se le asignó el apodo de “el coronel”. Más certera sería la versión que habla de un  Coronel del ejército español llamado Francisco del Campo, que cruzó el Biobío junto a don Pedro de Valdivia en 1551.  El coronel Del Campo terminó siendo amigo de los mapuches; ensanchó poderosamente sus relaciones de amistad con ellos y cuando el Butanmapu quedó relativamente conquistado, recibió varias muestras de distinción y recompensas de los Gobernadores del Chile de entonces, hasta que en 1561 se le confió la ardua misión de abrir una senda que uniera el Fuerte de Penco con el Fuerte de Cañete; aquel camino fue desde ese entonces conocida como “La Ruta del Conquistador”, constituyendo la llave que abriera el fértil “Butanmapu” a la civilización, por cuyo servicio el Gobernador le confirió tierras colindantes por el Sur y Norte con las posesiones del cacique Regumilla, la actual Villa Mora. En estas tierras, el coronel Del Campo levantó casas que servían de albergue a los soldados que debían viajar entre Penco y el Fuerte de Arauco, y estaban situadas justo al “término de la jornada”. Eran “las casas del Coronel”. De ahí el nombre del caserío, del villorrio, de la villa y de la actual ciudad de “Coronel”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vista aérea de Coronel

 

 

El 7 de noviembre se halló reunido en la ribera sur del Biobío todo el ejército español. A la mañana siguiente avanzaron hacia Coronel a  La batalla de las Lagunillas.

 

La Batalla de Lagunillas fue una batalla enmarcada en la guerra de Arauco, acaecida el 8 de Noviembre de 1557 en el sector de Lagunillas al norte de Coronel.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Avda. sector Lagunillas

 

Seiscientos soldados españoles al mando de García Hurtado de Mendoza se aprontaban a acampar en este lugar caracterizado por ser pantanoso. El tener cubierto los flancos con accidentes naturales era una efectiva defensa natural, ante cualquier ataque mapuche. De pronto aparecieron guerreros mapuches en grandes cantidades al mando del toqui Galvarino, gritando ¡aina!, ¡aina! ( mapudungun: ¡rápido!,¡rápido!) iniciando un arrollador ataque, que en un primer momento les fue favorable dada la confusión del ataque y la extrema violencia del combate. Particular valentía demostró el toqui Rengo que a mazazos derribaba españoles y yanaconas. Su ímpetu lo llevó a adelantarse demasiado y cuando los hispanos se recuperaron, lo arrinconaron haciéndole retroceder y meterse en el pantano, donde el barro le llegaba a la cintura, seguía luchando con gran bravura y mal herido, salvó de morir gracias a la oportuna llegada de sus hombres a socorrerlo. La arremetida tuvo tal estruendo entre mazos, lanzas y espadas, que don Alonso de Ercilla que se encontraba combatiendo, lo describió más tarde en La Araucana de la siguiente forma:

 

“Jamás los alemanes combatieron así de firme a firme y frente a frente. Ni mano a mano dando y recibiendo…”

 

Alonso de Ercilla , La Araucana

 

 

 

 

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Homenaje a Galvarino

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hito a Galvarino, sector Escuadrón Lagunillas, Coronel

 

“Donde sobre una rama destroncada

puso la diestra mano, yo presente,

la cual de un golpe con rigor cortada,

sacó luego la izquierda alegremente,

que del tronco también saltó apartada,

sin torcer ceja ni arrugar la frente;

y con desdén y menosprecio dello

alargó la cabeza y tendió el cuello”

 

Alonso de Ercilla - La Araucana

 

 

 

 

 

 

La llegada de Jorge Rojas a Coronel.

 

En Talcahuano, un día de 1849 se le presentó al pionero del carbón don Jorge Rojas Miranda, un leñador que surtía con madera el establecimiento, cuyo nombre era Juan Esteban Valenzuela, ofreciéndole una veta de carbón en un sector de Coronel por él conocido. El convenio fue gustosamente aceptado por el señor Jorge Rojas, quien junto a Valenzuela emprendió el viaje que los llevaría al sitio señalado por este. Cruzado el río Bío-Bío por el antiguo sistema de lanchas y luego de una extenuante y azarosa  jornada a caballo y machete en mano llegaron al punto mencionado por el leñador. “Una ensenada rodeada de colinas montañosas y de áridas playas en lo que el mar se estrellaba contra los flancos de los mantos de carbón”.

En una colina adyacente habitaba Francisco de Paula Mora, propietario de los terrenos de Puchoco, estaba casado con una hija del cacique Puchoco. Este caballero de ascendencia española había comprado aquellas propiedades el año de 1825 al cacique Ambrosio Regumilla y a su mujer Santos Neculpi que era también propietaria de las tierras, Jorge Rojas, una vez inspeccionado los mantos, extrajo una muestra que llevó hacia la casa de Francisco de Paula Mora para apreciar el real potencial calórico de ésta, realizado el ensayo, se persuadieron de la mejor calidad del carbón en comparación al que él extraía en la bahía de Talcahuano. Había comenzado la industrialización del carbón en Coronel.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jorge Rojas

 

 

Federico Schwager.

 

El que trajo el apellido “Schwager” a Chile fue Don Federico I Schwager (1789-1861), un Suizo-Alemán que emigró a Inglaterra, se casó con una dama inglesa y ahí tuvo a su primer hijo, Federico II.

 

Federico I se movió en la alta sociedad de inversionistas ingleses y fue nombrado como representante de ellos para sus intereses en Chile, especialmente de la Pacific Steam Navegation Company, que había enviado a Chile los primeros barcos a vapor. Como negocio particular Schwager compraba el carbón que los vapores traían de lastre y los vendía a consumidores chilenos, fundición de cobre, ferrocarriles y la incipiente industria chilena. Motivado por las actividades de carbón en la zona de Coronel y Lota, Schwager compró en 1859 un terreno llamado “La Huerta”, al norte de Puchoco y vecino al fundo Maule. En esa fecha, según la estadística del período, había treinta y nueve chiflones y 26 piques en actividad en Coronel y Laraquete, pero el número de trabajadores era solamente de 661 personas. Las faenas eran primitivas y la extracción se hacía con malacates manuales. Los negocios de Federico I no prosperaban y él murió en 1861. Su hijo Federico II, se quedó en Coronel empeñado en cambiar la suerte de la familia.

 

En ese tiempo los dueños de terrenos eran también propietarios de cualquier mineral que se encontraba en el subsuelo y la costumbre de los empresarios mineros era de arrendar el derecho de explotación del mineral, como también el derecho de construir casas para sus trabajadores. En 1858 Federico II compró los derechos de arriendo perpetuo de un retazo de terreno al norte de las minas de los herederos de don Jorge Rojas y, en 1859 participó en un contrato con la empresa Délano y Compañía para formar una nueva compañía. Los socios de ese contrato tomaron en arriendo terrenos que su dueña, Manuela Carvallo poseía en Puchoco y Boca Maule, y en Julio del mismo año se puso en marcha la Compañía de Carbón Puchoco. Federico Schwager dirigía las faenas de Boca Maule y Guillermo Délano las de Puchoco. Por diferencias entre los socios, la empresa no duró más de diez años y en 1869, con la separación de los socios, se formaron dos empresas autónomas, Puchoco-Délano y Puchoco-Schwager.

 

En el año 1870 Schwager, con una obra muy audaz, abrió un pique inclinado en los requeríos sobresalientes del mar en la playa Maule, que se unía con la playa con un puente, dándole acceso al carbón submarino, esta mina se llamó Chiflón IV.

 

En el mes de Septiembre de 1881 se inundó la mina de los Délano, supuestamente por agua de mar, pero probablemente fue porque se hizo contacto con una gran napa de agua salada subterránea, que muchos años deional después afectaría gravemente las faenas de la futura Carbonífera Schwager. En 1891 Federico II compró el terreno de Puchoco Délano, adjudicándose también la propiedad del carbón que podría ser explotado en él.

 

Tanto don Federico como los herederos de Matías Cousiño sabían que las grandes reservas de carbón estaban debajo del mar y el Congreso Nacional estaba estudiando cómo otorgar concesiones para su explotación, dando preferencia a las faenas ya en operación. En Lota los Cousiño explotaban el Pique Alberto, mar adentro y proyectaban la apertura del Chiflón Carlos y posteriormente Pique Grande. Schwager explotaba los Chiflones Santa María y Cuatro.

Federico Schwager, ya convertido en un empresario adinerado, compró el fundo Puchoco y encargó la preparación de un proyecto para abrir una nueva mina, Puchoco, para el que decidió unirse con unos socios selectos y formar la Compañía Carbonífera y de Fundición Schwager Ltda.

 

El proyecto fue preparado en 1885 por el ingeniero escocés llamado James Reid, el cual tenía que superar no pocas dificultades ya que debajo del punto ideal para establecer la boca-mina, existía la mina inundada de los Délano, lo que descartaba la posibilidad de piques verticales y, al hacer chiflones, al avanzar estos estarían bajo el mar. Sin  embargo el proyecto se realizó según lo planificado y en el año 1892 se inició la explotación del Manto 3.

 

A fines de 1892 la Compañía Schwager publicó su primer balance financiero y memoria, informando también la muerte de don Federico, cuando éste volvía de Inglaterra a donde había viajado por razones de salud.

 

Al morir Federico II, quien era soltero, sus bienes pasaron a su hermana Marion, casada con Adolfo Claud, quien pasó a ser el contralor de la empresa. El hijo, don Federico Claud, entró en el directorio de la empresa Carbonífera Schwager en el año 1902 y fue nombrado presidente en 1912, cargo que mantuvo durante 44 años.

 

                          Fuente: Peter Crorkan Healy

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En honor a Federico Schwager existe un monumento en Maule (Coronel) por su influencia en el desarrollo de la industria del carbón. El Estadio Municipal Federico Schwager lleva su nombre y en él juega el equipo de fútbol local, Club de Deportes Lota Schwager. También existió un vapor, durante la época de apogeo de la extracción del carbón que llevó su nombre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estadio, el mar y los dos piques de carbón al fondo.

 

 

Las arenas negras de la playa de Maule.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Playa Maule y Chiflón Nº 4. (1876-1924)

 

 

La playa de Maule posee una longitud de 2 kilómetros. Uno de los principales atractivos de esta playa es la hermosura que otorgan sus arenas negras y grises, algo que se da en muy pocas partes del mundo y que genera gran asombro entre los turistas extranjeros. Es raro encontrar playas de arenas negras, ya que sólo se encuentran en zonas donde existe la presencia de volcanes. Sin embargo, este es un caso muy particular, ya que el color de sus arenas es producto de sedimentos volcánicos que el río Biobío transporta a lo largo de sus 300 kilómetros, desde la Cordillera de los Andes hacia el Océano Pacífico, fundamentalmente del Volcán Antuco. Este increíble fenómeno de la naturaleza le otorga a la costa coronelina una belleza rara y especial, que la hace de gran interés para los visitantes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Chiflón Nº 4 de Playa Maule.

 

 

En la playa de Maule, al poniente de Coronel, se ubican las ruinas de un Chiflón de carbón único en el mundo, construido en la orilla de playa, sobre unas rocas y entre la alta y la baja marea.

 

Muchos quienes la visitan no saben de aquella rara estructura de piedra que se encuentra al pie de la playa. Creen que es una especie de escultura o un antiguo emisario. Pero no, se trata de las ruinas de uno de los primeros chiflones mineros construido por el pionero Federico Schwager a mediados del siglo XIX. La estructura corresponde al punto de entrada a la mina, conocido en aquel entonces como el Chiflón N° 4, el cual se sumergía unos 16 metros de profundidad para luego avanzar por cerca de un kilómetro y medio hacia el interior del mar en forma subterránea.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Chiflón entró en servicios el año 1876, manteniéndose activo hasta el 1924.

 

 

 

El canto del pájaro Chucao.

 

Al internarse por los bosques cordilleranos, por entre ramas torcidas por el viento que en ocasiones son tan espesas que hacen imposible avanzar, cuando el paraje se vuelve sombrío y reina en él la más profunda paz, es la oportunidad  de oír el primitivo canto del pájaro Chucao, aquel pájaro cuyo grito solitario, dado sólo a largos intervalos, aumenta el misterio de estos lugares. Es un graznido intenso, profundo, grave, pero breve. De ahí el dicho que dice “Cuando el chucao canta, el bosque es más bosque y la Nahuelbuta mas impenetrable”.

Por la estridencia de su canto, se piensa que debe ser un pájaro de un gran tamaño, pero no es así. El chucao es más pequeñito  que la palma de una mano, Cuando canta a la derecha los mapuches dicen que es señal de buena suerte, que se va por buen camino. Y si  canta a la izquierda, significa mala suerte, que se ha perdido el rumbo. Misteriosamente, por alguna razón aquel primitivo canto  nos atrae y nos es familiar, no obstante sólo se deja oír en las profundidades de los bosques, lejos de los lugares frecuentados por el hombre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La laguna de los negros.

 

Cuando Coronel era sólo un lugar misterioso en donde las piedras humeaban y salía fuego sulfuroso de entre las fisuras de la tierra,
llegó a la isla Santa María el Tryal, un barco con 72 esclavos negros recién capturados en África. Primeramente habían desembarcado en el Puerto de Buenos Aires para luego engrillados, hacerlos atravesar caminado Argentina y Los Andes y ser reembarcados nuevamente  en Valparaíso rumbo al Callao,  para trabajar los cultivos y minas de nuestra América. Después de navegar unas millas en alta mar desde Valparaíso, mediante un ardid habían logrado sabotear el barco dando muerte al carcelero junto a 18 marineros, dejando con vida sólo al capitán que bien incentivado con un cuchillo bajo la garganta viró hacia el sur, en busca de las lejanas costas del Senegal. Así las cosas, es de imaginar a los negros liberados, esta vez dueños de nuevo de sus vidas y destinos. Al menos así lo habrán pensado por un tiempo.
Pero la libertad de un esclavo era un pecado demasiado grande para ser olvidado y el plan de evasión estaba condenado al fracaso,
A la altura de nuestra Isla Santa María, apareció el ballenero norteamericano Perseverance. Los negros amotinados y hambrientos pensaron que podrían apoderarse de la nave y se acercaron a ella.
Fue un grave error, porque los norteamericanos tras una corta escaramuza y posterior persecución logró abordar y controlar el Tryal. Casi todos los amotinados se fueron al otro mundo, pero finalmente libres. Los sobrevivientes fueron conducidos a Concepción para ser juzgados por el fiscal Juan Martínez de Rozas. Ocho resultaron condenados a muerte, entre ellos Mure, hijo del líder negro llamado Babo.
La sentencia se cumplió en el Cerro Gavilán en donde fueron ahorcados y desde allí conducidos a lo que la tradición popular llamó “Laguna de Los Negros”, ubicada en la actual calle Cruz, entre Caupolicán y Rengo. Con una piedra de buen tamaño en el cuello fueron lanzados a las profundidades de las aguas.
Con el tiempo, la “Laguna de Los Negros" se hizo necesaria para hacer desaparecer también a las ajusticiadas huestes del bandido realista Vicente Benavides. Y, ahí están todos, los negros del Senegal y los enemigos de la libertad de Chile, que desde este lado del Bío-Bío llevaron larga destrucción y muerte a la voz de ¡Viva el rey!.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cerro Obligado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A la llegada de los españoles en 1550, el territorio  al sur del Biobío era conocido como Valle de Andalicán, que significa “lugar de las piedras ardientes”, motivado por la autocombustión espontánea del carbón que afloraba en las quebradas de sus cerros. Para llegar a Coronel era necesario remontar “obligadamente” un cerro, hoy conocido como “cerro obligado” (foto), para descender finalmente hacia una estrecha angostura entre la Nahuelbuta y el mar, en donde se situó tres siglos más tarde la estación de ferrocarriles de Coronel, principal estrechamiento de acceso a la ciudad por donde “paso de todo” durante siglos: gente, productos y cultura. Por allí pasó don Pedro de Valdivia a su cita con la muerte en Tucapel, el verano de 1553, y por el mismo sitio marchó don Francisco de Villagra en su venganza, para luego regresar vencido y a la estampida con Lautaro y sus guerreros pisándoles los talones. Más tarde lo hizo don García Hurtado Mendoza, acompañado de don Alonso de Ercilla escribiendo sus primeras páginas en blanco de “La Araucana”. Pero en esas fechas, aún este lugar no se llamaba Coronel, sino que “El Valle de Andalicán”.